Todas las Vespas tienen una historia (1950-60)

Siempre he pensado que las Vespas tienen alma o, en su defecto, una historia que contar. El objetivo de este humilde artículo es contar una historia: la de una de las muchas Vespas que circularon por el Madrid de los años 50 y 60, y, cómo no, también la de su dueño ¡mi padre!

Allá por 1957 Julián, mi padre, compró una Vespa 125N (el modelo de manillar de tubo y faro arriba) por 16.550 pesetas de la época, en la fábrica que Vespa tenía en la Plaza de Mariano de Cavia, justo en frente de Beltrán, en Madrid. La 125 S corría demasiado y él ¡para qué quería tanto! Poco tiempo después, se apuntó al Vespa Club Madrid y empezó a participar en sus actividades.

En el club se reunían vespistas para realizar todo tipo de actividades que ahora resultan llamativas, tales como cabalgatas en reyes disfrazados de Papá Noel o de mosqueteros con el fin de llevar juguetes a los niños de un hospital.

Todas las Vespas tienen una historia...Todas las Vespas tienen una historia...

También participaban en la Vuelta Ciclista a España (ahora van en BMW, que es más cómodo).

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Hacían excursiones a provincias cercanas a Madrid, como en la foto que se ve al grupo llegando a Cuenca.

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Hacían gymcanas en junto a la Plaza de Toros de las Ventas haciendo malabarismos como saltar por un aro en llamas…

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Cuando alguno de los socios del club se casaban los demás socios le acompañaban con sus Vespas… ¡A mí es una de las fotos que más me gusta!

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Una de las cosa que más me llamó la atención de lo que mi padre me ha contado de sus andanzas, es que, cuando un vespista del club se iba de viaje al extranjero, la directiva llamaba al club de ese país para que, tan pronto llegara, hubiera alguien esperándole para enseñarle la ciudad, salir a tomar algo, etc. En las fotos se ve a mi padre en París y Leiría (Portugal) donde les esperaron vespistas locales.

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Yendo a París se cruzó con tres Vespas españolas y, naturalmente, pararon y se saludaron. Una de ellas era la de Manolo Gómez Isla, el dueño de Vespa Roma. Si entráis en ese concesionario de Chueca, veréis esa Vespa en exposición a la entrada: es una faro bajo con dos más que volvían ¡de Moscú!, con dos coj…

Más tarde llegó la familia: mujer e hijo, y el Vespa Club, los viajes, las gymcanas… pasaron a mejor vida: el destino de la moto fue usarla para ir trabajar. Como es ATS, recorría Madrid de casa en casa poniendo inyecciones, haciendo curas, etc. Mientras, mi madre le esperaba a que terminara junto a la Vespa, para intentar tomarse una caña juntos… ¡si es que había tiempo y dinero!.

Todas las Vespas tienen una historia...

Poco después nací yo. Aún tengo un vago recuerdo de ir al colegio de pie en la Vespa, entre mi padre y el manillar (¡esto ya ha prescrito y mi padre no puede ser multado, señores de la DGT!

Un día como tantos, mi padre bajó a coger su Vespa pero no estaba… Un amante de lo ajeno se la llevó y no volvió a verla nunca más. Corría el año 1975, aproximadamente.

Como veis no es una historia trepidante ni repleta de grandes aventuras: es la historia de una generación que creció con las Vespas y supo disfrutar de lo que tuvo, con sus escasos recursos pero con mucha ilusión y, quizás, algo de inocencia… ¡espero os haya gustado!

Jorge42