Mirando a Cuenca edición 2016
Habíamos quedado a las 9:00 en Aranjuez e, impuntuales, como siempre, salimos desde Yepes los hermanos Álvarez a las 9:45 camino a de Villarrubia de Santiago al encuentro del resto del Comando Cuenca. Aun así, si nos llegan a avisar del retraso, le habríamos “pegado” otra hora más a la cama: por lo que nos contaron tanto Piri como Mofly, ayer tuvieron una “salidita” nocturna y ¡se les fue de las manos!

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Llegamos y aun no me había dado tiempo bajarme los pantalones para una “urgencia” cuando se presentaron en el cruce Mofly, Piri, Rafa y Alberto, a los que nos unimos. Todos juntos formamos el Comando Cuenca 2016 ¡¡¡y que comando señores…!!!

Hacía una mañana buenísima para montar en Vespa así que ¡rumbo a nuestro destino! A la vertiginosa velocidad de 50 km/h y tal y como mandan los cánones, por la antigua carretera N400, Rafa conduce contento comentando que no soporta el vértigo de la velocidad.

Enseguida (como es de suponer a esa velocidad media), llegamos a Tarancón y paramos para repostar. Bueno, la verdad es que el que para a repostar es Rafa; el resto nos vamos a tomar la primera cerveza. Rafa ha llenado el deposito muy rápido y ¡solo nos ha dado tiempo tomar dos cañas!

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Seguimos nuestro camino. Por ahora todas las Vespas responden y arrancan a la perfección incluida Valentina ¿será esta, por fin, la primera marcha que finalice con ella sin ninguna avería? De momento la pregunta se queda en el aire. Como si tal cosa y con un día espléndido, llegamos a Carrasposa del Campo, segunda parada y primer fallo en el plan: paramos en una gasolinera y ¡no hay bar! ¿en qué estamos pensando? Hasta el momento, el viaje se me ha hecho muy corto y agradable. Ha sido una gozada. Hemos ido alternando en la capitanía del Comando los más virtuosos, esperando a Mofly y a su Bala plateada ¡Que ironía! La bala lastra al grupo, distinto habría sido si se hubiera traído el tupperware. Avanzamos. Hemos dejado atrás Carrascosa y, definitivamente, nos ponemos mirando a Cuenca. El Comando se estira y la carretera ofrece un paseo muy agradable. Lo vamos disfrutando mucho y apenas nos quedan unos 40 km para llegar. Hasta ahora no hemos tenido ninguna incidencia. Eso es ¡hasta ahora!

En este momento Carlos cierra el grupo y yo le precedo. Tomamos una curva muy abierta, vamos muy estirados. La curva se acaba y vuelvo a mirar para atrás y ¡no le veo! Vuelvo a buscarle y…efectivamente: está en la cuneta. Solo es un pinchazo. El resto están lejos pero se lo comunico y nos ponemos a reparar la rueda. Entre mi hermano y yo nos bastamos. ¡Pero no iba a ser fácil! no llevamos la herramienta apropiada ¡pero eso no va a ser obstáculo para nosotros! con un alicate, un alambre, y un poco de cinta americana lo arreglamos ¡Qué pasa, somos de la generación MacGyver! Nos montamos de nuevo y emprendemos la marcha. Varios kilómetros más adelante y a la sombra, está el resto del Comando. Están fumando y un poco boletos porque les ha pillado en un sitio sin bar: Mala suerte…

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Continuamos todos juntos y tenemos el destino a la vista. La carretera continúa siendo una gozada si no fuera porque la temperatura ahora nos calienta las cabezas.

Valentina se está portando, pero no así su prima Nicoletta que de nuevo vuelve a pinchar. Le pregunto a Carlos qué tipo de gasolina le ha puesto ¡es que no es normal lo que está pasando hoy! Le presto una rueda pero esta vez subimos la Vespa a pulso y la rueda cae sola por su peso. Un poco más de alambre y cinta americana. “¡Aprieta con el alicate esa tuerca y vamos, que llevamos más de una hora sin probar la cerveza!”.

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En un “plis plas” estamos en las calles de Cuenca. No me lo puedo creer: Valentina no se ha quejado y las demás tampoco.

El Piri nos guía en “una vuelta turística” por la ciudad (la realidad es que se ha perdido) antes de llevarnos al hotel para anunciar nuestra llegada e impregnar el ambiente de una mezcla olor genuino a gasolina y humo ¡Hemos llegado!

Guardamos un minuto de silencio en recuerdo de Rogelio que esta vez ha preferido la compañía de su esposa y la playa, a la de Carlos y esta bonita habitación de Hotel. Se arrepentirá, seguro. Después de guardar las Vespas, nos vamos a tomar cerveza y para ello recorremos unos cinco metros 1no vamos a perder tiempo! Pasamos al primer bar que nos encontramos y después, a comer, que ya es hora. Del restaurante elegido para almorzar no vamos a hacer ninguna reseña, no se la merece.

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Un poco de siesta y nos ponemos de nuevo en camino hacia la Ciudad Encantada y para, ahorrar comentarios, sólo decir que los encantados somos nosotros. Tanto a la subida como a la bajada una maravilla, pero una maravilla ¡acojonante! Llevo años en esto de rodar en vehículos de dos ruedas y, como en esta excursión he disfrutado, en muy pocas por no decir ninguna. En la bajada más. Esto no sirve contarlo: tenéis que probarlo, por favor.

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La única nota negativa es un frenazo de Alberto con la rueda delantera, (le falta experiencia, es normal) y una leve caída, casi sin consecuencias. Por suerte, llevamos botiquín, (herramientas no, pero botiquín y drogas legales que no falten). Le hacemos un remiendo en las palmas de las manos a Alberto y continuamos la vuelta al hotel.

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Y llego la noche. Sólo quiero decir que lo que pasa en Cuenca, se queda en Cuenca.

No puedo describir lo que ocurrió por la noche, entre otras cosas, porque tampoco me acuerdo de mucho. Subimos al centro, andando, a cenar de tapas y me reencontré con los zarajos entre otros manjares ¿Lo de después? Hicimos una ruta de garitos hasta el hotel pero justo enfrente se haya el mejor de todos: un auténtico desguace “Carpe Diem”.

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Por dios santo… ¿qué le ponen a la bebida? ¡¡¡Nos drogaron vilmente y ya no recuerdo más!!!

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Y sí: lo que pasó en Cuenca, se quedó en Cuenca.

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A la mañana siguiente, con los cuerpos de cualquier manera, emprendimos el retorno a nuestros destinos y de nuevo -y esta vez sin ningún percance algno, salvo una parada a refrescar los gaznates-, otra vez en Carrascosa del Campo y en las bodegas “La Estacada”, en Tarancón. Hicimos acopio de vino para los distintos stocks domésticos.

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Unos abrazos y la satisfacción de haber compartido un fin de semana inolvidable con amigos inolvidables. Una gozada.

Y ahora sí, por fin puedo decir: He concluido mi primera ruta completa con Valentina sin ninguna avería ni percance.

Toño